1 jun 2014

¡“Se va como una moto”!

¡Espectaculares, fenomenales, monstruosos estos ciclistas colombianos! Quién iba creer que estos escarabajos iban a ganar semejante carrera la que es el Giro de Italia. Quién pensaría que dos cafeteros serían los grandes triunfadores de una de las mejores competiciones ciclísticas del mundo. De pronto ni nosotros lo pensamos, creímos, seguramente, que iban a ganar etapas, pero no el Giro. ¡Esto es enorme, descomunal!

Sí, lo de Nairo Quintana y Rigoberto Urán no tiene comparación, un campesino y un chancero, hacen lo que en Colombia es difícil de soñar y lograr, vencer a las grandes maquinarias (ellos le ganaron a esos 'invencibles' y competitivos europeos), nos enseñan que sí se puede ser los mejores, pero solo lo lograron con disciplina y perseverancia. Nadie les regaló nada. El triunfo cuando huele a sudor y lágrimas es mucho más satisfactorio. Ellos nos devuelven la fe de creer en este cuento que se llama Colombia.

Aquí resalto algo muy bonito que pocas veces se ve en un gaucho, sí, un argentino, Mario Sábato, ese señor que narró todo el Giro por ESPN, ese que nos hacía emocionar cuando un escarabajo salía en la pantalla. Ese mismo que narraba: “Se va como una moto”, nos entusiasmaba como ‘Naironman’ y ‘Rigonator’ (como se conocen ahora a nuestros ciclistas). Mario decía: “Go, Rigo, go. ¡Vamos colombianos, vamos Latinoamérica!”. Sin Mario, la carrera hubiera sido simple. Él mismo dijo: “Es el día de encanto para el deporte colombiano”. Ni la Copa América ganada por la Selección en el 2001 fue tan emocionante.

Este día debe ser recordado por todos, debemos superar el 05 de septiembre del 93 y recordar con más gloria el 01 de junio de 2014. Sí, cambiar el día que el fútbol le ganó a Argentina, por el día que dos colombianos vencieron a los mejores pedalistas del mundo. ¡Qué gladiadores!

Si usted escuchó una narración de Sábato, debe saber que esa alegría, ese entusiasmo, ese júbilo, ese orgullo patrio que siente un argentino que no es colombiano es enorme. Eso necesitamos: pedalear en nuestra vida como Nairo, Rigo y el Team Colombia, y poner el alma a lo que hacemos como Mario Sábato. ¡Gracias, muchachos! “Suenen las cumbias, suenen el vallenato, que Colombia es el mejor”, dijo Mario.

13 abr 2014

Llega Semana Santa y...

En estos días se llenan las parroquias e iglesias del mundo católico, curiosamente, para estas fechas muchos son católicos. Qué bueno, yo también lo soy, pero ¿somos católicos de verdad? ¿O solo de Semana Santa y Navidad? Alimenta el espíritu y enriquece el corazón, buscar a Dios, orar y pensar en el gesto que Jesús hizo por nosotros; inmolarse en una cruz para salvarnos del pecado, del egoísmo y de la envidia que nos destruye como seres humanos. Porque, aunque usted sea una denominación o religión diferente, crea o no en Cristo, él se entregó por la expropiación de nuestros pecados. Los de todos.

Me viene a la mente algo que siempre he preguntado, si en la Semana Santa renacemos y hacemos compromisos en cuaresma, en el Triduo pascual (Jueves, Viernes y Sábado santo) y, supuestamente, vamos a ser hombres y mujeres justos, de acuerdo al Evangelio, ¿por qué seguimos así? La respuesta, para mí, la da José Antonio Pagola (teólogo español): "Admiramos al crucificado, pero ignoramos a los que están crucificados (pobres, desprotegidos, oprimidos, sufrientes, dolientes, marginados)". ¿Acaso no es verdad?

Estos días, que llamamos Semana Santa (que es la Mayor semana de todas) por los acontecimientos tan importantes que conmemoramos nosotros los cristianos, la pasión, muerte y resurrección del Señor. Vale la pena preguntarnos, ¿es nuestra fe testimoniada y vivida de acuerdo al mensaje evangélico del Nazareno? Él, que luchó por los más desprotegidos de su época (pobres, niños y los enfermos) y nos mandó que hiciéramos lo mismo, ¿lo hacemos?

Porque, claro, es bonito ir a una iglesia y tener ese recogimiento que encontramos en Dios, alabarle, cantarle, escuchar y meditar su Palabra; es loable, nos da un gozo que no encontramos en otra acción humana, pero, no basta llenar los templos estos días, pues lo dice claro un mártir de nuestra era: "Una religión de misa dominical, pero de semanas injustas; no agrada al Señor". Mons. Óscar Romero.

Los cestos de las parroquias se llenan, damos ofrendas y limosnas. Muchos dicen hacer “ayuno” dizque porque no comen carne, en cambio se tragan una cachama de una libra, con ensalada, plátano, yuca, arroz y sacian el apetito famélico ¿y los pobres? Asistimos una hora (hasta más) a nuestros oratorios, santuarios y capillas, pedimos por la justicia y la paz del mundo, pero un habitante de calle pasa por nuestra casa, mientras comemos nuestros manjares, pidiendo algo de comer y somos tan descarados que decimos: “no hay nada”. ¡Por favor, qué clase de cristianismo es ese!

Estos días de reflexión espiritual, queremos ver a Dios, y en la mayoría de veces no sabemos dónde encontrarlo (a parte de las iglesias), pues bien; Dios está en ese que mendiga comida, en ese hombre o mujer que pide a gritos ayuda y que muchas veces ignoramos, en los niños, en los enfermos, en los oprimidos, en todo aquel que despreciamos. Ahí está Cristo, ahí está Dios.

Como anhelamos estar con Dios, que sea del todo y auténtico aquello que deseamos manifestar, es claro, lo recalca el obispo salvadoreño: “La religión no consiste en mucho rezar. La religión consiste en esa garantía de tener a mi Dios cerca de mí porque le hago el bien a mis hermanos” (Óscar Romero). Esos hermanos que son  el pobre, el oprimido, el rechazado, el abandonado, el marginado, el violentado, el abusado, el habitante de calle, el enfermo, el abuelo, el joven, el niño, el indígena, el campesino, el blanco, el negro, la prostituta, el gay, el estudiante, el profesional. Qué bueno es vivir estos días siguiendo esta tradición católica, no obstante, si nos olvidamos de ellos, será en vano cualquier acto popular de fe que vivamos.  Lo dice la Biblia: “Una fe sin obras, es una fe muerta” (Stg. 2, 26).

2 abr 2014

Por qué votar por Clara López

Es común escuchar y leer comentarios de colombianos indignados justificando el mal gobierno de nuestros presidentes, pues dicen: “Eso es lo mismo, al fin y al cabo siempre van a robar”. “¡Eso no hacen nada por el país!”. “Lo único que quieren es robar al pueblo, nada más”. Bueno, y con toda esta triste historia que tenemos en Colombia, son válidas y aceptables sus premisas, pues la conclusión es la misma. Cada vez estamos peor. ¡Qué infortunio!

Yo los entiendo. El ruego es de más de 30 millones de compatriotas. No aguantamos más. Colombia rompe récords en pobreza, en desempleo, en minas antipersona, en desplazamiento, en educación paupérrima, en violencia infantil y contra la mujer, en desigualdad, y por supuesto: en injusticia. Queremos visitas de extranjeros y que se lleven la mejor imagen de nosotros, claro, si van a los mejores hoteles, a las tierras afrodisíacas, a las islas suntuosas. La imagen es positiva, y como en esos lugares lo que importa es el dinero que se deje, se trata bien al turista. Obviamente la característica principal de nosotros los cafeteros es la amabilidad y simpatía con los que vienen de afuera. Pero, ¿y con los nuestros?

El asunto es que nosotros mismos nos clavamos el cuchillo, teniendo por quien votar y elegir a una excelente persona a la presidencia, para que cambie el rumbo de este país; no lo hacemos. Ahora que se repite la historia, que estamos a punto de salvar a Colombia o de terminar de hundirla, tenemos la oportunidad más que nunca de darle un giro de 180° a este país, dizque del Sagrado Corazón.

La mejor propuesta que tenemos (y es que no creo que haya otra buena, más con los 3 candidatos que tiene Uribe Vélez: Martha Lucía Ramírez, Óscar Iván Zuluaga y Enrique Peñalosa). OJO: son 3 sus candidatos.Y el actual Presidente y candidato, que por las sendas del neoliberalismo tiene abarrotada a la Nación en un océano de desbordamientos apolíticos y desagradables (mencionados arriba). Es hora de ser sinceros con nosotros mismos y con los millones de colombianos que esperamos el cambio, que anhelamos unas regiones prósperas y agradables, porque: ¡Colombia sí tiene arreglo!

Puede sonar profético, pero no lo es: Clara López en coalición con la compañera Aída Avella, del Polo Democrático Alternativo y la Unión Patriótica, tienen la llave, junto con su equipo de asesores, para sacar a Colombia del abismo donde está. ¡Sí podemos resurgir! ¡El cambio es ahora! No podemos seguir votando por los mismos y ahogándonos nosotros mismos, sabiendo que tenemos con qué progresar. Es que, creo que no queremos salir de esta. Ellas y los que confiamos en su ardua labor, nunca ofreceremos nada a cambio por un voto (como ya es común y “normal” en los comicios electorales). Clara y Aída, sin duda alguna, son la mejor opción presidencial que se nos puede presentar en esta ocasión.

Cuentan con el apoyo, por si fuera poco, del mejor senador de la República y el congresista con más votos en las últimas elecciones; Jorge Enrique Robledo. También, con los dos mejores representantes a la Cámara del país: Germán Navas Talero e Iván Cepeda Castro. O sea: equipo hay. La calidad es segura y firme. Las hojas de vida de Clara y Aída son intachables, perseguidas políticamente y en el caso de Avella, exiliada política, con un recién atentado contra su vida. ¿Por qué sería? Porque ellas traen el cambio. No hago analogía mesiánica, pero traerán la salvación, es fiable y necesario cederles el turno a ellas.

Los ejes fundamentales de Clara y Aída están basados en la: Paz, democracia, soberanía social y justicia social. Un plan transversal y congruente a la realidad social e injusta en la que estamos.

Entre muchas otras, ellas proponen:
  • ·        Educación gratuita y de calidad.
  • ·        Educación superior gratuita con calidad e investigación.
  • ·        Reducir la importación y aumentar la exportación (agro).
  • ·        Revertir los TLC.
  • ·        Reformar el sistema de salud (para todos, no para uno$).
  • ·        Empleo digno (pleno empleo, mejorar condiciones de vida).

(Para mayor información recomiendo visitar: @ClaraPresidente, @ClaraLopezObre y @AidaAvellaE. Y en las páginas web: polodemocratico.net y wp.claralopez.org. Donde encontrarán su amplio plan de gobierno si llegaran a ser elegidas Presidenta y Vicepresidenta de la República).

Por supuesto, yo creo que es indispensable conocerlas y no juzgarlas por ser de izquierda. Es cierto, las guerrillas del país han marginado la clase política socialista y siempre nos dicen guerrilleros (Recomiendo leer mi post: Soy de izquierda, no de las Farc http://xurl.es/qsejf). ¡Qué bestialidad este parangón! No lo somos, a diferencia de muchos colombianos, reconocemos lo mal que está el país, pero que, a su vez, somos consecuentes de que sí tiene arreglo y representados con estas dos mujeres valerosas y corajudas, podemos lograr el cambio. Necesitan el voto de confianza, no en ellas, sino en el país. Los más desfavorecidos la necesitan. Ya el capitalismo, como bien sabemos, han pasado y regalado esta tierra a los ricos, arrebatémoselo; nos pertenece. Ellos lo enmugraron; ¡limpiémoslo! Sí podemos, hay con quienes.

Clara ha dicho, para terminar, algo verdadero y creíble, tiene una petición: “Denme cuatro años y les dejo la casa en orden”. Y le creo, pues las mujeres, que son más juiciosas que nosotros los hombres, más guapas y sinceras, tienen la capacidad, pero necesitan el poder para hacerlo. No es misógina la frase, no, pues miremos la casta política de varones presidentes que hemos tenido: ¡volvieron fiesta el país! El turno es para las mujeres. Yo les doy mi confianza.

Sé que no me van a dar progreso a mí, lo darán a millones de compatriotas. Este será el gobierno de la verdad, el de todos, el pobre, el oprimido, el rechazado, el abandonado, el marginado, el violentado, el abusado, el habitante de calle, el enfermo, el abuelo, el joven, el niño, el indígena, el campesino, el blanco, el negro, la prostituta, el gay, el estudiante, el profesional e inclusive el gobierno que acoja a los de oposición. ¡Todos, por un país mejor!


Por eso, hago la invitación a votar este 25 de mayo por las mujeres, vota por el 01: Clara López y Aída Avella, la mejor fórmula presidencial.

22 mar 2014

¿Dónde está Dios?

Sin duda alguna está será una gran incógnita por mucho tiempo. Un misterio absoluto. Así que, cualquier afán de querer ‘demostrar’ dónde está Dios es mero populismo y doctrina falsa. A la mayoría nos han enseñado que Dios está arriba, en el cielo, en todas partes, en el corazón. Lo más paradójico: “A Dios nunca lo ha visto nadie” (1 Jn. 4, 12). Pues, dice el profeta: “Es un Dios invisible” (Is. 45, 15). Ven, ya empieza a enredarse esto: ¿no es que está en el cielo?

Con esto no quiero hacerle perder su fe, claro que no, fe indudable que poseemos muchos. Pues esa fe es la que nos mantiene como creyentes, fieles, adoradores del Dios que no vemos, pero sí sentimos. Dice el escrito de los Hebreos: “La fe es el fundamento de lo que se espera y la prueba de lo que no se ve” (11, 1). Si uno espera algún día ver a Dios, de tú a tú, estamos perdiendo el tiempo. Claro, yo también quisiera verlo, saber cómo es, pero no va a suceder. Además, si el cuerpo muere y el alma no, el alma por sí no va a ver nada (si la entendemos como espíritu, fuerza o hálito).

Jesús dice: “Todo lo que hicieron por uno de estos hermanos míos, los humildes, por mí mismo lo hicieron” (Mt. 25, 40). O sea: si usted ha ayudado a alguien con hambre, con sed, sin techo, sin ropa, enfermo, en la cárcel. Ha ayudado a Jesús de Nazaret, él mismo lo dijo. Pero eso no basta, no es suficiente, hay que ir al que sufre (Leonardo Boff). Tenemos que curar, acompañar, donar de nuestro tiempo y salario por ellos, como lo hizo el buen samaritano (Cf. Lc. 10, 25-37). No es dar porque sí, dizque para salvarnos, ¡no!, es sentir compasión, sufrir con el otro. Si hay un pan y dos bocas, se parte, no se sacia, pero se satisface. Se alimenta el espíritu.

Obviamente la fe que tenemos debemos escudriñarla, no para defenderla, ni para anularla, sino para hacerla viva, con nuestro testimonio, con nuestra vida. Ayudando y sirviendo al otro, al más necesitado. El Señor Jesús le dijo a Tomás (quien no creyó su resurrección hasta no verlo con sus propios ojos, por su poca fe): “¡incrédulo!”. Si creemos en Él (Dios), ¿por qué las ganas de saber dónde está? Si ya lo enseñó el Maestro y haciendo un silogismo, podemos deducir:

Sabemos, pues, que Dios se encarnó en Jesús y Jesús en los necesitados, por tanto; Dios está en ellos.

Sí, Dios está en ese que mendiga comida, en ese hombre o mujer que pide a gritos ayuda y que muchas veces ignoramos, en los niños, en los enfermos, en los oprimidos, en todo aquel que despreciamos. Ahí está Cristo, ahí está Dios, si nuestra fe es verdadera, y es madura (no esa de carboneros que se debilita con nada. Como la de los fanáticos) lo encontramos en esas personas. No creo que debamos buscar en otro lugar. O viajar en avión para verlo por las nubes, no, perdemos el tiempo. Ni los satélites de la Nasa lo podrán encontrar por allá arriba. Principalmente, y es una analogía perfecta: está en nuestro corazón. Sí, aunque haya solo sangre, ahí está Dios. Y si nuestro corazón está herido o roto, no lo podremos ver, aunque lo tengamos cerca.

“Cristo, imagen visible de Dios que es invisible” (Col. 1, 15) se personifica en los anteriormente mencionados. Tratar de buscar otra respuesta es ser necio. Para que no se me juzgue ni me llamen hereje, dejo a consideración el querer buscar a Dios en el cielo. Agrego: “Una fe auténtica y valiosa, es razonable y deja una serie de interrogantes y en cambio, la adhesión ciega a una idea; eso es fanatismo”: José María Díez Alegría, filósofo y teólogo.

Recuerden, entonces, que Dios no está donde lo vamos a buscar, sino donde lo dejamos encontrar.

16 feb 2014

¡La izquierda dividida; ya está vencida!

En este cuento de la política —muchas veces— todo se vuelve una mezcolanza (¡un mierdero!). Nos confundimos (o confunden) pues no sabemos para dónde coger o si es mejor quedarnos quietos. En Colombia, por ejemplo, el capitalismo y el nefasto neoliberalismo nos tienen vueltos en una estercolada. Y el berraco problema es que lo seguimos permitiendo. Las castas políticas están dirigidas por las similares y bellacas —pero astutas y corruptas— familias de siempre. Aquí lo único que se cambia es de marioneta, pues los titiriteros son los mismos.

Solo aquí un malnacido puede ser presidente por dos períodos siendo un narcoparamilitar. ¡Lloramos como la Magdalena, padecemos como el Sagrado Corazón, pero siempre encendemos velas a Uribe; el gran cabrón!

Volviendo a la desdicha, pero cambiando de muñecos; ahora que por fin la izquierda en este país puede asumir las riendas; esta no quiere. Claramente la derecha está totalmente dividida, en el campo político son vulnerables, no está fácil derrotarla, pero sí se les puede ganar en los comicios presidenciales. La izquierda, paradójicamente está como el agua y aceite; ni junta ni compatible. Cada uno jala para su lado. Es el momento de dar el boom en Colombia, pero no parece ser así. Podemos dar el zarpazo, pero somos como un rompecabezas que nadie se atreve a armar.

Las cuentas son claras: quienes tienen más opción —en la oposición al gobierno— es el Polo; con Clara López, pero internamente están divididos. Buena gestión han hecho Robledo, Cepeda, Navas Talero para restablecer el prestigio de un Polo golpeado por el desdichado Samuel Moreno. Pero aquí nos hemos cegado.

Entonces, el Polo está sí o sí con Clara. Otra parte del mismo partido está con Aída Abella. Otros dizque con Camilo Romero (precandidato presidencial por la Alianza Verde). El neopartido Marcha Patriótica jala para aquí y para allá. La renacida Unión Patriótica haciendo parte de la misma, pero seamos realistas; con pocas posibilidades de ganar. Los progresistas divididos por el infiltrado de Peñalosa (un uribista apaciguado y solapado). El Partido Comunista, resentido con el Polo (más con el Moir) está con Aída.

Esta es la silla que faltaba para ensillar (arreglar) al caballo (Colombia), pero seguimos montando a pelo, más irónico aún; ¡no queremos galopar! La izquierda no quiere arrancar, porque hay varios que quieren ser los jinetes, pero jalando la rienda de aquí pa’ allá, de allá pa’ acá, del caballo nos van a bajar.

Y en todo este rifirrafe: nos vuelven a derrotar. Los oligarcas gozando, los senadores disfrutando. Y el pueblo pobre: abstencionistas y votantes miran al país sufriendo, ellos comiendo manjares y muchos sufriendo; con pesares.

No entendemos que debemos hacer lo que enseñó el cura rojo Camilo Torres Restrepo: “Debemos insistir en todo lo que nos une y prescindir de lo que nos separa”. A veces, pareciera que estamos luchando es por el poder, mas no por las ganas de ayudar al menos favorecido, al oprimido y desahuciado, al pobre, al desempleado, al campesino y al ciudadano. Pero, infortunadamente: ¡la izquierda dividida; ya está vencida!

Compañeras y compañeros de izquierda: “La lucha es larga, comencemos ya”: Camilo Torres.

20 ene 2014

El Papa Francisco se equivoca


«Pues él salvará al pobre que suplica y al necesitado que no tiene quien lo ayude» (Ps. 72, 12) La Biblia es Palabra de Dios, profética, pues bien, este trozo de salmo hace referencia —proféticamente hablando— a Jesús, sin embargo, podemos adjudicarlo al hoy Papa, a Francisco. Ya han sido muchos los papas que han hecho lo que dice Fernando Cardenal, jesuita y exministro nicaragüense: “Es posible que esté equivocado, pero déjenme equivocarme en favor de los pobres, ya que la Iglesia se ha equivocado durante muchos siglos en favor de los ricos”. Ven, el Papa se equivoca, pero en favor de los pobres, cual Jesús de Nazaret.

Muchos sectores de la Iglesia —principalmente jerárquicos— no quieren al Papa, ¿por qué? Porque sencillamente está viviendo humanamente el mensaje evangélico: vivir como el Maestro, desapegado de las cosas materiales, teniendo como principales a los marginados, pobres, rechazados, a los niños y a los abuelos. A ellos dirige —principalmente— sus homilías (reflexiones) Francisco. Y esto es incómodo para un mundo capitalista y más para millones de católicos que, infortunadamente se creen más que los demás. Pasó con unos filántropos neoyorquinos que, no iban a donar un peso de los US $ 180 millones que se necesitan para restaurar la basílica de San Patricio en New York (el cardenal Timothy Dolan tuvo que explicarles que habían entendido mal al Papa. Mentira, ellos entendieron, sino que el muy astuto, carismático y mediático Dolan, supo enredarlos). “El Espíritu Santo me ha consagrado para llevar la Buena noticia a los pobres” (Cf. Lc. 4, 18).

Entonces, Jesús y el Papa Francisco viven bien el pasaje bíblico: “Siendo rico (el Vaticano es la nación —pequeña— más rica del mundo) se hizo pobre por causa de ustedes, para que por su pobreza ustedes se hicieran ricos (“Bienaventurados los pobres porque de ellos es el Reino de los cielos”. Mt. 5, 3)” (2 Co. 8, 9). (También se debe leer: Stg. 2, 1-4, contra la discriminación).

Por eso, lectores, el Papa se equivoca, porque al parecer, estar a favor de los pobres es equivocarse, es batallar contra la jerarquía untada de pompa y mansiones principescas. Son los que están en contra del Nazareno, él, de seguro, también se equivocó. Porque, como dicen por ahí: —el Papa— se les tiró el negocio a unos cuantos purpurados.

Bien lo dice José María Díez Alegría, el famoso jesuita sin papeles: “Dios no cree en el Vaticano”. Yo, lo reafirmo nuevamente, no ataco a la Iglesia, pues soy parte de ella, pero sí a aquellos jerarcas que solo están interesados en el dinero. Esos que desprecian a los ‘favoritos’ de Jesús. Los mismos que ven a Bergoglio como un estorbo.

Asimismo, veo en otros curas, teólogos y laicos, que son admiradores de la Teología de la liberación, la oportunidad para sacar a la Iglesia del abismo en que se encuentra, el Papa solo no puede. Es el principal pastor, sí, pero no es el único. Pedro Casaldáliga afirmaba: “hay que ser creyente, pero hay que ser creíble”. ¿Somos creíbles? Helder Cámara, otro gran obispo católico, predicaba: “si doy de comer al hombre, me llaman santo; pero si pregunto por qué hay gente pobre, me llaman comunista”. No se les haga raro, pues, ver titulares en prensa o escuchando en televisión o  hasta a sacerdotes decir: “el Papa Francisco es un comunista”. “El Papa es marxista”. No, el problema es que, el Papa está a favor de los pobres, sigue bien el mensaje evangélico. Se ‘equivoca’ a favor de los pobres. 

7 ene 2014

¿Educación gratuita? ¡Mamola!


Según el decreto 4807 (20 de diciembre de 2011) de la Presidencia de la República de Colombia, la educación en este país es gratuita. Así es. Desde el 2012 los padres de familia y/o responsables de los niños y jóvenes, ya no pagarán un peso por la educación. No me crean a mí, cito a la Ministra de Educación: “No habrá excusa para que los padres no lleven a sus hijos al colegio, pues no tendrán que pagar nada”: María Fernanda Campo. ¿En serio? ¿Es un chiste? ¡No entiendo!

En Colombia dicen que la educación es gratuita. Pues bien, no sé de qué educación hablarán el Presidente y la Ministra. ¿Acaso ignoran el hacinamiento tan berraco del cual son parte los estudiantes de las instituciones públicas o se hacen los bobos? Claro que no. Lo saben muy bien, pero como los niños (padres de familia) se contentan con un dulce (educación “gratuita”). ¿Cuál será el próximo chiste? ¿Educación gratuita y de calidad?

No soy padre de familia, pero esto no me exime de saber que la educación pública en Colombia tiene los adjetivos que queramos colocarle, menos el de gratuidad. ¡Qué va a saber de estudios gratis un mandatario como Santos que ha estudiado en colegios y universidades privadas (en Gringolandia) y ha sido de cuna de oro! O bueno, de seguro sabe en la parte estadística, porque en lo material; no.

Es absurdo afirmar que, el hecho de no pagar matrícula en una institución educativa pública –en este país- la misma -educación- sea gratis. ¡Nunca! Los papás tienen que preocuparse desde el qué comerán sus niños, hasta el cómo se irán al colegio.

Imagínense donde la mamá es cabeza de familia o son más de 5 infantes en la casa. Donde si no hay para una comida no hay para otra. O donde si hay pa’ los cuadernos; no hay para el morral. O si hay para los cuadernos y de chiripa pal morral no habrá para tomar ni comer nada en los descansos. ¿Y qué culpa tienen los niños de ser pobres? ¡Ninguna!

Contabilicemos -a rasgos generales- lo que cuesta que un solo niño o niña vaya a estudiar:

Cuadernos: 10 (cada uno a $1.000)= 10.000
Lápiz, borrador, sacapuntas, colores (800+500+500+5.000)= 6.800
Regla, transportador, compás (1.000+1.000+3.000)= 5.000
Bolso o morral para útiles escolares (20.000)= 20.000
Uniforme de diario y educación física (30.000+35.000)= 65.000
Zapatos de diario y tenis para educación física (25.000+15.000)= 40.000
Fotocopias (porque no hay para las cartillas, ni los libros)= 30.000

Todo esto en total nos da: $176.800

El anterior cálculo lo hago basado en precios realmente bajos, no porque los niños sean de escasos recursos y merezcan lo más malo (porque lo barato sale caro), sino que es un ponderado mínimo de lo que cuesta algo de educación en Colombia. Pues, no hablamos de cartillas, libros, buzos blancos, medias, betún, meriendas o medias nueves, porque si así fuera la cifra se triplicaría. También, hay que tener en cuenta que los uniformes, al ser económicos, se desgastan más rápido y fácil y por ende, tendrán que conseguirse otros nuevos. Que el lápiz, el borrador, los sacapuntas, lapiceros, se acaban y hay que comprar mínimo 5 al año.

No tengo en cuenta el transporte y el dinero extra que se les da por pedir a algunos maestros. Tampoco miro elementos que no son tan esenciales, sin embargo se solicitan al estudiante, tales como: el block, el papel silueta, iris, la ega, la escuadra, la cinta, el bisturí. Y eso que no cuento las rifas, bazares, y bonos que se les obliga a vender a los niños o jóvenes o en el mayor de los casos se ‘chantajea’. (El que venda más se le sube más la nota).

Haciendo un cálculo de todo esto, que no lo piden, sino que lo exigen a los estudiantes, nos da un aproximado de $400.000 y claro, al señor Presidente se le hace agua la boca diciendo: “La educación en Colombia es gratuita”. ¿Educación gratuita? ¡Mamola!


Esta fecha es apropiada para hacernos al altruismo y a la caridad que nos une como colombianos, porque, en realidad, así como estamos y vamos: ¡jamás será gratis la educación en Colombia! Si tiene como hacerlo, se lo pido de corazón: ¡hágalo!